27.8.07

 

XII Festival Folk de Plasencia: acordes y desacuerdos

Diana, que me había escrito hacía unos días desde Portugal preguntando por la zona de acampada del Festival, se encontró conmigo cuando comenzaban los inusuales sonidos de la Warsaw. Sorprendida me preguntaba cómo era posible qué este evento no congregase a más amantes del folk. Me decía que esperaba ver a mucha más gente expectante por ver Hedningarna, grupo estrella de este año. ¿Por qué no es más grande el Festival Folk de Plasencia? Como muestra y ejemplo podemos revisar algunos de los aciertos de este año y otros aspectos que se deberían mejorar de cara a futuras ediciones.

Sin lugar a dudas el principal acierto de este año ha sido el cartel que ha reunido sobre el escenario a algunos de los mejores grupos de música folk actual tanto estatales como extranjeros.

El primer día se congregó bastante más gente que en jueves de anteriores ediciones. Había un reducido número sillas en la parte central de la plaza de una bella Torre Lucía que a medida que va pasando la noche se vuelve excesivamente oscura (las antorchas quedan muy bonitas pero no proporcionan nada de luz). La noche se abre con L- Mentos, grupo que procede Robledillo y Jarandilla, pueblos cercanos a Plasencia. Suenan algo descompensados pero resulta una propuesta interesante a tener en cuenta dentro del panorama folk regional. Impresionante el sonido que es capaz de extraer Bonovo de una zanfona, un acordeón y una batería, sin olvidar el sorprendente serrucho de Pulpiño Viascon (¡Queremos ese primer disco ya!). Korrontxi hizo un buen recorrido por las canciones de su último disco, alternando entre ritmos más bailables con canciones más lentas.

El viernes se opta por colocar las sillas sólo en uno de los laterales pero ampliando considerablemente el número de ellas. Resulta una adecuada (y salomónica) opción que favorece a quienes se quieren sentar y a aquellos que desean disfrutar de la música de otra forma mucho más reposada.

Acetre, primer grupo de la noche, se hace esperar. Pero no defrauda. Hay mucha gente y cierta expectación por escuchar a los oliventinos liderados por Sousa estrenando su nuevo trabajo, Dehesario. El espacio ideal para presentar su último disco, tras hacerlo el día anterior en su localidad de origen, era el escenario del Festival Folk de Plasencia. Probablemente sea el concierto al que más gente ha acudido. Y eso es sinónimo de algo. Este grupo es siempre una garantía de éxito. En la primera parte de su actuación interpretaron algunos de los temas nuevos y en la segunda, un repaso a sus composiciones más conocidas entre las que incluyeron esa maravilla (por la que uno siente absoluta predilección) que es la Alborada de Jarramplas. No entiendo el debate y el absurdo intento de enfrentamiento que se trata de generar con los Aulaga, la formación folk procedente del vecino Casas del Monte.

La Jambre transitó entre las canciones de su primer disco, Saltalindes, y las que formarán parte de Las lunas de Astarté, su esperado segundo trabajo. Aunque me esperaba algo más de ellos, su concierto fue estupendo. Eso sí, los que estábamos un poco más atrás no entendíamos absolutamente nada de las presentaciones de los diferentes temas.

Me encantó el concierto de Berrogüetto. Después de Acetre, lo mejor de la noche. Una fascinante Gaudi Galego que encandiló con su voz, con su peculiar estilo de tocar la pandereta y la gaita y con su forma de moverse por el escenario. Algunas dificultades con el sonido impidieron escuchar bien los “monólogos” de Anxo Pintos cuya zanfona sonó de una manera increíble a lo largo de la actuación. Un prodigio con las manos.
Por cierto, Gaudi tiene junto con otro de los componentes de este grupo, Guillerme Fernández, el dúo Espido en el que recogen propuestas musicales “desnudas” con solo una guitarra y la prodigiosa voz de la cantante gallega.

El sábado la amenaza de tormenta obligó a la organización a trasladar los conciertos a uno de los espacios más feos de Plasencia: el horroroso Pabellón Municipal de El Berrocal.

Impresionante la formación portuguesa que iniciaba los conciertos del último día. Como apunta Rubén, la gran revelación y la gran sorpresa de este año. Música procedente de los Balcanes para no dejar de bailar, de saltar y de quedarse con la boca abierta viendo cómo bailaban. Sensacional.

El “biotecno” de la Warsan Village Band fue una sugerente y extraña propuesta que no dejo indiferente a nadie. Eso sí, las iniciativas arriesgadas como estás, que hay que agradecer, no satisfacen a todos los aficionados y no pocos sintieron un cierto desasosiego ante las espectaculares voces de las féminas de este grupo.

Los que no defraudaron a nadie fueron Hedningarna. Los cuatro componentes del grupo sueco hicieron saltar y bailar a todos los aficionados al buen folk que estábamos en el pabellón, muchos de los cuales se habían desplazado desde más de 500 kilómetros solamente para poder disfrutar con ellos. Un fabuloso violinista “desconocido” (¿Alguien sabe cómo se llama ese chico?) junto con los dos componentes de la formación original y un bateria fueron desgranando un buen numero de temas con reminiscencias nórdicas pero con un potente sonido actual.

La polémica suscitada con el traslado de emplazamiento de esta edición del Festival hizo que se mirase con lupa el escenario en Torre Lucía. El experimento funcionó (aunque nos quedamos sin ver qué hubiese ocurrido el sábado). El sitio es más bonito y tiene un encanto especial. Se cuidó el asunto de los servicios y el Ayuntamiento subastó la barra que se colocó en el interior del recinto. De cara a futuras ediciones hay que mejorar la iluminación y la ambientación del espacio (la horrorosa grúa del fondo no es responsabilidad de la organización). Tal vez resulte interesante jugar con otros espacios de la ciudad. Abrirse a otros escenarios y a otras propuestas musicales que no tienen sentido en un escenario grande al aire libre. Puede ser una línea a explorar.

Una vez más hay que insistir en algunos aspectos que se suelen olvidar. La difusión del Festival es nefasta. Como ya hemos señalado en otra ocasión la web es un estupendo ejemplo de lo que nunca se debe hacer en la red. El concepto de la página debe cambiar absolutamente: tiene ser un espacio funcional, de encuentro y de difusión. Debe proporcionar contenidos no solo sobre los conciertos si no sobre otras muchas cosas que pueden facilitar la estancia en Plasencia: alojamientos, campings, accesos,…
Una parte del presupuesto debe invertirse, por tanto, en difundir el Festival en revistas especializadas, prensa, medios digitales,… y sería recomendable contar con una mayor complicidad de Canal Extremadura.

En otro orden de cosas, el contenido del “Festival de día” resulta pobre. Ya hay circulando propuestas para hacer talleres, cursos, pasacalles,… otro tipo de acciones que tengan el objeto de formar, divertir, difundir, debatir, encontrar(se),…

Parece que la propuesta de la Asociación de Amigos del Festival Folk de Plasencia va tomando forma. Es una grata noticia. Sería aconsejar que esta iniciativa se abriese a la participación del mayor número posible de aficionados. La experiencia, el conocimiento y la iniciativa de diferentes personas puede ser una ayuda increíble para mejorar y darle valor a futuras ediciones. Hay que tener en cuenta que una buena iniciativa no gestionada correctamente en el tiempo puede transformarse en una pésima iniciativa. Hay que apostar por conectar personas, ideas y propuestas. Y aventurarse por planteamientos organizativos abiertos, participativos, colaborativos, interdisciplinares, híbridos y transversales.

Dos reconocimientos: el primero a Flor por haber estado al pie del cañón (o del escenario) durante todo el Festival y por dar cabida rápidamente a la participación y sugerencias de los aficionados. Y el segundo a la gente de Protección Civil por su trabajo, en no pocas ocasiones especialmente incomprendido y criticado.
Buen recorrido por los diferentes conciertos en el Blog de Rubén.

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