5.1.11

 

El arte de la resurrección

"Encerrada en una java de transportar ganado, mientras su guagua lloraba de hambre y su marido deliraba de fiebre, ella le cambiaba los vendajes empapados en sangre, masticaba yerbas medicinales y se las ponía para cicatrizar las heridas y detener la hemorragia. Cuándo le faltó la saliva maceraba las yerbas con lágrimas. Repitió tantas veces esta operación durante el viaje, que al acabársele las vendas comenzó a rasgar sus enaguas. Cuando el tren llegó al puerto, la mujer ya no tenía más lágrimas que llorar y las sientes de su pelo negro azabache se veían blancas de canas."

Hernán Rivera Letelier: El arte de la resurrección

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